martes, 29 de mayo de 2012

Kilroy was here


La gente normal se enfada cuando pierde cosas. He visto perder cosas de todo tipo. Del tipo de cosas que  cuentas y del tipo que prefieres callar y hacer como que nunca fueron tuyas. 
Me he trasladado varias veces. Y ademas de distraída, tengo tendencia a perder cosas.
Al principio, pues hombre, te enfadas. Luego, con la práctica, que sé yo, aprendes a no apegarte demasiado a las cosas. Un cuaderno sustituye a otro, el libro no era para echar cohetes y ese tipo de cosas.


Al final y tras exhaustivas limpiezas más o menos programadas aparecen algunas (otras fueron raptadas por los enanos de jardín de balcón de enfrente, malditoz) y es cuando te sale una sonrisa boba y vas corriendo a probarlo, a ver si funciona, o a leerlo como si fuese la cosa más interesante del mundo.


Hace dos días me planteé lo de volver a escribir. A obligarme un poco para vuestro sufrimiento (gano puntos malignos con cada mechón de pelo arrancado) y haciendo limpieza encontré un tesoro. Un diario de hace la tira de tiempo. Mínimo diez años. Desafortunadamente la llave del candado no la encontré. Así que toca llevarlo a la ferretería o algo. Junto con el susodicho encontré un cuaderno que una persona muy importante me regaló al venirme hace ya (parece mentira, he tenido que volver a hacer la cuentas) casi cuatro años a Madrid.


Se convirtió en uno de mis imprescindibles. Tapa dura, espiral ancha y transparente, goma negra, páginas cuadriculadas y bordes de colorines. En la contraportada la leyenda de James J Kilroy, con su "Kilroy was here" repartido por el mundo. Dentro un conjunto de sueños y pesadillas, de ilusiones y paranoia a partes casi iguales, tejiendo mi reflejo, completando una imagen.


Cuando creé este blog no tenía ni remota idea de lo que pensaba escribir. Lo de la página en blanco me daba mucho yuyu, mal fario, rollo chungo o como queráis decirlo. Gracias a una gran amiga, escollo solucionado.
Si me aceptáis un consejo valorad mucho lo que tenéis, de verdad, sin dramas, ni pijadas, ni sobreactuaciones, ni artificios. Nunca sabéis cuando 5 horas y 460 kilómetros pueden ponerse en medio...


Ahora si, bienvenidos a mi mundo :)

4 comentarios:

  1. 5 horas y 460 kilómetros pueden ser mucho o pueden ser poco. La lejanía la imponen las personas, no la distancia.

    Si perder las cosas tiene algo bueno, es la posibilidad de volver a encontrarlas. Sobre todo, recordar que... no se te ha olvidado escribir. ;)

    ResponderEliminar
  2. Jajaja, te diría que es como andar en bicicleta, pero bien sabes que no sé. Me alegro de que pienses que no se me ha olvidado. Lo que no recordaba era el vicio que genera :)

    Me apetece volver a ser titiritera de cuentos. A ver que sale de todo esto.

    Queda poco para que te vea.

    ResponderEliminar
  3. Bienvenida al mundo de los bloggeros!!!.

    Estoy deseando leer más cosillas tuyas y esperando ver ilustraciones sobre los relatos.

    Qué bien se te da expresarte por escrito(y qué guardadito te lo tenías)

    ¡Mucha suerte y adelanteeeee!

    ResponderEliminar
  4. Gracias :) Hay cosas que hasta que salen no sabes que anidaban dentro.

    Besos

    ResponderEliminar